La catedral de Pamplona ha acogido en la tarde del 20 de mayo la eucaristía de inauguración del Año Ignaciano. Presidida por el arzobispo de la diócesis, D. Francisco Pérez y concelebrada por su bisbe auxiliar Don Juan Antonio Aznárez, por el P. General Arturo Sosa -quien pronunció la homilía-, el provincial, Antonio España y varios jesuitas. La ceremonia destiló toda la solemnidad que requería la celebración de los 500 años de la herida de Ignacio de Loyola en Pamplona, detonante de su conversión. Celebrada en español, pero con las lecturas proclamadas en inglés y francés, la misa fue seguida por más de 4.000 espectadores por el canal You tube de la Compañía, donde quedará grabada. El coro Loyola y la orquesta Loyola-Magis, dirigidas por Ignacio Aranzadi, fueron los encargados de las piezas musicales -muy ignacianas-, de la celebración.
En la monición de entrada, Iñigo Merello sj, dio la bienvenida a todos los presentes en la catedral: “En esta ciudad navarra cayó herido Íñigo de Loyola en 1521. Esa experiencia de fragilidad puso en marcha una transformación radical en la vida de Ignacio y el nacimiento de una espiritualidad, en el seno de la Iglesia.
Las lecturas (Deut. 30, 10-14; Salmo 19; 1 Timoteo 12-17, Lc 9, 57-62) ayudaron a centrar la celebración en Cristo Jesús y su seguimiento. En la homilía, el P. General comenzó con una acción de gracias múltiple: a Dios, que bendijo y acompañó la andadura de este “jóven adulto” Íñigo hasta su muerte en 1556; "a los jesuitas que nos han precedido, transmitiendo de unos a otros el carisma de la Orden fundada en 1540; a todos los demás hombres y mujeres que han sido testigos y actores vivos de la espiritualidad que se inspira en Ignacio de Loyola. Durante estos cinco siglos el Espíritu Santo ha estado presente, dando su luz y fuerza a nuestros antecesores."
Durante este Año Ignaciano que comienza hoy tendremos ocasión de acudir a los orígenes de esta conversión de Íñigo, tanto en Loyola como en Manresa -indicó el General-. "A Íñigo no le da igual una vida sin Cristo o con El. Aquí está la diferencia entre lo antes y el después. La novedad del Señor es determinante, es la que decidirá su futuro. Estar con El, conocerlo, amarle y seguirle es lo que le hace caer en el cuenta de que ya no es lo mismo, y de que esta novedad le merece la pena. Dios, lo que significará que el joven vasco no querrá ya ser el protagonista de su futuro, ni buscar su propia gloria, sino dejar hablar a Dios, como admirablemente hará al escribir el libro de los Ejercicios espirituales , un manual de encuentro con Dios en el que su abnegado autor se queda en segundo plano”.
Explicó el P. General el lema del Año Ignaciano, “Ver nuevas todas las cosas en Cristo”, con estas palabras: “Gracias a la novedad que aporta Jesucristo con su vida y su mensaje, todo lo demás recobra su sentido (…) Y ayudar a vivir bien la vida es lo que persiguen esas cuatro sensibilidades o vías que la Compañía de Jesús propone ahora acción evangelizadora. Así, todas las cosas deben servir para mostrar el camino hacia Dios, pero especialmente medios tan queridos por Ignacio como el discernimiento Luchando en todo por la reconciliación y la justicia, actitud inseparable de la cercanía y amistad con los pobres, que están en el lado de los jóvenes. Y, finalmente, cuidando de una creación para que pueda mostrar los frutos del mismo Espíritu Santo presente en ella desde dentro”. Concluyó el P. General afirmando que “la novedad de Cristo que llevó a Ignacio a trabajar para que el Reino de Dios viniera a los hombres, ésa misma es la que en este Año Ignaciano deseamos nos conduzca a cada uno, a los jesuitas ya nuestros amigos en nuestra misión en la Iglesia”. Y recordando que este 20 de mayo hacía justo 1 año que muriera el p. Adolfo Nicolás, (P.General de la Compañía entre 2008-2016), afirmó que “su recuerdo es el recuerdo del grano de bullicio que cae en tierra, muere para dar fruto” y deseó que ese recuerdo nos haga vivir con profundidad este aniversario.
La Eucaristía continuó con serenidad. Una experiencia de comunidad en la dispersión, pues además de las 200 personas que estaban presentes en el templo, el chat daba cuenta de la enorme diversidad de ámbitos geográficos desde el que la gran familia ignaciana compartía ese momento.
Al final de la ceremonia Cipriano Díaz Marcos, Asistente del General, informó de la declaración del año jubilar en los templos de la Compañía con motivo del año ignaciano, y dio las gracias a todos los asistentes (presentas yo line) por parte de la Compañía de Jesús y las invitó a hacer Ejercicios Espirituales durante este año y El arzobispo también dio las gracias, a las autoridades que se hicieron presentes, ya los jesuitas, por la preciosa celebración, con una mención especial al coro y la orquesta y con estas palabras: “Que el Señor nos llene de amor, justicia, paz y misericordia”. Con el himno de San Ignacio concluyó la celebración.
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