Cómo han cambiado las celebraciones después de un año de pandemia

(Cataluña Religión | Laura Mor | 4 de mayo 2021)

¿Cómo ha afectado la pandemia a las celebraciones en las parroquias? Con el paso de los meses, hemos preguntado cómo han articulado las comunidades cristianas las eucaristías, el resto de sacramentos y algunos de los espacios de encuentro con las restricciones sanitarias. ¿Ha habido cambios de edad o números significativos? ¿De la necesidad han hecho virtud?

Hemos hablado con parroquias de cuatro diócesis distintas del territorio: Lleida, Barcelona, ​​Tarragona y Vic. Algunas han detectado oportunidades y las han aprovechado para "ir más allá" de los límites parroquiales. Otros comienzan a percibir que cada vez pesan más las restricciones y que cada vez tienen más ganas de reencontrarse.

"La gente mayor no viene, pero de momento nos mantenemos con un porcentaje de gente bastante igualado cada fin de semana", explica el claretiano Nemesi Solà , que es párroco de la parroquia de San Antonio María Claret en el barrio de Balàfia en Lleida. Han pasado prácticamente todo el curso con una asistencia limitada al 30% de aforo hasta hace pocas semanas. Más allá de las cifras, ¿han detectado gente nueva? A priori, no. Sólo “personas que vienen con los padres”, y que antes no les acompañaban.

La dinámica habitual, rota

En Balàfia mantienen activo el Movimiento Infantil y Juvenil de Acción Católica, el MIJAC . En su caso, son ocho jóvenes que acompañan a niños y otros jóvenes en el descubrimiento de la fe. Ahora, con las medidas y restricciones que ha impuesto la pandemia. "Van haciendo según las normas, están desconcertados, como todo el mundo", señala Solà. “Tampoco los jóvenes de confirmación y postconfirmación pueden reunirse más de seis”. Esto les ha roto la dinámica habitual, como en otros ámbitos sociales, recuerda.

En el terreno de las primeras comuniones las celebraciones pendientes del curso anterior se realizaron en septiembre. “Sirvieron de ensayo”, dice el religioso. De segundo curso de catequesis, en Lleida, tienen 27, y primero, 25. Aquí la demanda no ha bajado. Las primeras comuniones de este curso 2020-2021 se realizarán a finales de mayo: “En dos fines de semana y en grupos de cuatro, como corresponde”. También hay familias que han preferido esperar en el próximo mes de septiembre "porque ahora no lo han visto claro".

Lo mismo ha ocurrido en Sant Andreu del Palomar. El nuevo párroco, Toni Roman , explica que las han ofrecido para mayo y octubre. Y que "cada vez hay más familias que lo están pasando en octubre, porque los abuelos todavía no pueden venir o no están vacunados".

Pocas misas telemáticas

Pensando en los más pequeños, en la parroquia de los claretianos de Lleida ofrecen una celebración familiar al mes, en formato presencial. Y tanto en el MIJAC como en la catequesis han hecho alguna celebración telemática, un grupito de cuatro o cinco, también una vez al mes. Pero como norma general, no han hecho misas online . Sí que han hecho reuniones dentro de la iglesia, que es un espacio suficientemente amplio que permite la distancia entre personas.

"La mayoría de personas mayores nos dicen que siguen la misa por televisión", apunta el párroco. También "los mismos hijos les piden que no vayan", por prevención. "Alguien de la familia, cuando el padre o la madre no puede venir, al marcharse se lleva la comunión por el padre, la madre o la tía". Un gesto que les han agradecido en varias ocasiones.

Como celebraciones más extraordinarias, este curso han cumplido los 15 años de la inauguración de la iglesia, con un recuerdo por el obispo Xavier Francesc Ciuraneta . "Cosas muy puntuales". Y por Domingo de Ramos hicieron tres celebraciones, una de ellas expresamente pensada para los niños que se preparan para hacer la primera comunión. También apunta, como mejora a raíz de la pandemia, el hecho de proyectar los cantos en una pantalla, ahora que han tenido que prescindir de los cancioneros porque está prohibido repartirlos.

"No reconozco a la gente sin mascarilla"

Una situación particular la ha vivido el cura Toni Roman. Fue nombrado párroco en Sant Andreu de Palomar, en Barcelona, ​​hace seis meses. Explica que "es un poco complicado entrar en un lugar en situación de pandemia porque no acabas de conocer a la gente, cuesta un poco más de entrar". Y añade, como anécdota: "Hay mucha gente que no reconozco sin mascarilla, es una sensación extraña".

Una experiencia similar a la de Pilar Llort , de la parroquia de San Juan Bautista de Tarragona . Es animadora del grupo de jóvenes y explica que en el grupo de confirmación este año son todos nuevos. Chicos y chicas de 13-14 años, que en su día hicieron la comunión, y ahora han vuelto. "Es gracioso porque nos hemos visto todos con mascarilla y no sabemos qué cara tienen, cuesta, pero están". Son cuatro catequistas que les acompañan.

Mantienen activo el perfil de Facebook y también los grupos de whatsapp: "Es ir teniendo contacto, una llamada, un 'ei, como va todo'". En noviembre realizaron confirmaciones con grupo reducido, guardando distancias y sin hacer la señal de la cruz a los confirmados, como marca el ritual litúrgico.

"Toca trabajar así"

A todos se les hace difícil anticipar cómo serán en los próximos meses. "No acabamos de saber si proponer u ofrecer nada a los jóvenes", dice el cura Toni Roman. Han optado por preparar y ofrecerles unas convivencias en verano: “Y si finalmente deben suspenderse, las suspendemos”. Roman apunta: "Somos conscientes de que toca trabajar así y sostener el ble".

En Sant Andreu han vuelto a la catequesis presencial cuando ha sido posible: "Durante el curso hemos ido combinando presencial, semipresencial y virtual". Mientras, "va volviendo gente, poco a poco se va llenando la misa del domingo". En su momento empezaron a tener problema con el aforo del 30%: "Estábamos al tope", dice Roman. En Sant Andreu no han ofrecido misas online.

La asistencia regular al culto denota que “la gente tiene ganas de venir, tiene ganas de encontrarse, existe el valor de la comunidad y de la presencialidad de la misa, esto es lo que se respira, más que el miedo”, defiende Roman.

Sin poder comparar con lo previo a su llegada como nuevo párroco, la gente de la parroquia le explica que “no sólo en las celebraciones, sino en diferentes actividades, muchos todavía no vuelven”. Sin embargo, “la gente va cogiendo confianza, vuelve y lo agradece”.

La comunidad más allá de la parroquia

Desde la parroquia de San Pedro de Roda , de Roda de Ter, en el obispado de Vic, valoran los efectos positivos y negativos de la pandemia. Ramon Bufí es el párroco. "Al ver que no podíamos vernos un grupo nos pusimos a hacer audiovisuales con gente de la parroquia, paisajes del pueblo, gente que hablaba y esto se ha esparcido". Lo cuenta en el balance positivo.

Han difundido mensajes para Fiesta Mayor en septiembre, en Navidad y para felicitar a la Pascua . Bufí valora su constancia: “Esto ha tenido mucho éxito, ha hecho vivir a la comunidad más allá de la parroquia”. También agradece que "la catequesis ha sido repotenciada en casa con los padres: esto ha ido mejor que antes cuando se hacía con normalidad". En el día a día continúan con el trabajo con grupos de jóvenes y de matrimonios, "siempre de forma virtual", apunta Bufí.

Por el contrario, y en el balance negativo, apunta el bajón en la asistencia. "La pandemia ha hecho disminuir el número de asistentes, en un 30%". Explica que “hay gente más delicada y mayor que lo sigue por medios telemáticos”. Y tanto bautizos como comuniones, dice, "están muy parados". Bufí se muestra crítico con reducir la vida pastoral con la celebración de sacramentos: "Me resisto a leer este cambio a partir del número de gente que viene a la iglesia; me resisto porque decir esto aquí en nuestra parroquia es una falsedad".

“Antes hablábamos en la plaza”

En la parroquia de San Juan de Tarragona "la gente sigue viniendo igual, guardando distancia y siguiendo todo el protocolo, no se reparten cancioneros y se sientan más separados". Lo relata Pilar Llort. Sí percibe que han modificado un cierto comportamiento social. "Antes quizás hablábamos en la plaza, al salir de la iglesia, queda todo más frío. Pero cómo está todo ahora en la calle".

Retransmiten algunas celebraciones puntuales por internet, en Youtube conjuntamente como arciprestazgo, como la oración del rosario, el viernes de dolor . Y se dan cuenta de que les sigue gente de mediana edad. "No van físicamente, pero lo siguen por internet y te lo agradecen". Llort explica que incluso la gente mayor sigue asistiendo a la misa del sábado por la noche y del domingo: "Nos sorprende gratamente", valora.

En cuanto a la limitación del aforo, hasta hace poco al 30% , han tenido que controlar más el acceso en ocasiones puntuales, como la misa del “Pollet”. Pero también señala que ofrecen "un gran abanico de horarios y la gente intenta ser consecuente e ir en horas que saben que no va a estar todo lleno".

Concluye que "la gente se ha adaptado", que "las misas del domingo no han variado mucho". Eso sí, echan de menos, por ejemplo, la comida que acostumbraban a hacer: “Hace calidez, hace parroquia, hace comunidad, hace Iglesia, eso se echa de menos, el contacto con la gente, abrazos con las catequistas”.

Con 91 años, repartiendo la comunión

En la parroquia de Sant Llorenç , la Catedral de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, durante bastante tiempo agruparon las misas en dos celebraciones y ahora se celebran tres. "Se están haciendo menos celebraciones, hay más gente y mantenemos mucha distancia", explica Mercè Fernández , que colabora en el despacho parroquial y trabaja como profesora en una escuela en Sant Feliu.

Pese a que puede parecer que haya gente que tiene miedo y que se queda en casa, Fernández pone un contraejemplo con uno de los participantes de la eucaristía: "Una de las personas que ayuda a dar la comunión tiene 91 años y éste no ha faltado ni un solo día".

En el centro de Sant Feliu, Fernández explica que "es la parroquia del pueblo y la gente nos conocemos bastante". Se ve autorizada para decir que tampoco han visto muchas caras nuevas, “de uno o dos matrimonios que no conocíamos”.

Más implicación de las familias

En cuanto a primeras comuniones, las del curso pasado se celebraron en octubre y se hicieron menos. Ahora, en mayo están previstas las nuevas. Fernández anima los cantos en estas celebraciones y explica que "hay menos". Aquí, dice, sí se ha realizado un cambio, con “una mayor implicación de las familias”. No hacen encuentros presenciales, pero sí realizan una misa extraordinaria con los padres y madres, en turnos de frecuencia quincenal.

"Los bautizos se han ido animando, pero tampoco hay muchos y bodas también hay menos". Atribuye a las restricciones también en el sector de la restauración: “Se ha notado tanto la bajada de bodas como de bautismos”.

Sin encuentros ni grandes encuentros

Mercè Fernández lamenta "que no puedes hacer nada en grupo, como el encuentro de la parroquia". Lo suelen hacer el domingo después de Pascua: "Este año se hizo un cartel, pero no se pudo hacer gran cosa, y todo se está haciendo largo". Han dejado de dar conciertos. Y no han ofrecido celebraciones telemáticas, aunque sí se han publicado algunos mensajes de felicitación por Pascua del párroco, Josep Maria Domingo .

Pone de ejemplo la celebración de la penitencia: "Hacíamos celebración comunitaria con absolución individual y se había dejado de hacer". Y en cuanto al resto de actividades de parroquia, señala que no han organizado las tradicionales charlas cuaresmales el domingo por la tarde. Y que las han reducido a una sola: "Sólo se ha hecho la del señor obispo".

Ahora están realizando obras para celebrar el próximo 26 de mayo los 75 años de la consagración del templo. "Hay que hacer de una manera especial, no como se hacía siempre".

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