Desde el equipo de liturgia hemos pensado vivir la Cuaresma preparándonos hacia la Semana Santa con plegarias semanales. Estas oraciones serán textos que elegirán a diferentes personas del Casal y que les han inspirado en su oración en algún momento.
Lo enviaremos por los medios habituales. A la hora de las peticiones en la misa se podrá comentar.
1er domingo
Esta semana nos ofrece la reflexión Esteban Martínez, del grupo Fòrum 2012

Dios se hizo hombre en la persona de Jesús. Cuando pienso en Dios me es más fácil imaginarme a Jesús que se hizo hombre de carne y hueso como nosotros. Jesús tuvo una familia, jugó como niño y aprendió de sus padres y maestros, como todos los niños probablemente tuvo momentos felices y también tristes. Cuando Jesús pasó a la vida pública, nos enseñó como su ejemplo que podemos releer en los evangelios. Jesús fue el modelo de persona a lo que Dios nos llama.
En esta oración de Gabriela Mistral, una escritora chilena del siglo pasado que ganó el Premio Nobel de Literatura, se hace concreto lo que Dios-Jesús puede significar para cada uno. La escritora nos muestra un hilo de detalles palpables, nada teóricos, humanos, cercanos, sencillos, en los que probablemente cada uno hemos podido oír individualmente a Jesús.
Solo sé cómo se llama
Que si nación hoy, que si nación ayer, que si nación aquí, que si nación allá.
Que si murió a los 33, que si murió a los 36, que cuántos clavos, que cuántos panas y pescados.
Que si eran reyes, que si eran magos.
Que si tenía hermanos, que si no tenía.
Que dónde está, que cuándo vuelve.
Yo lo único que sé es que...
A mí me tomó de mi mano cuando más lo necesitaba.
Me enseñó a sonreír y agracer por las pequeñas cosas.
Me enseñó a llorar con fuerzas y dejar ir.
Me enseñó a despertarme saludando al sol ya acercarme con la cabeza tranquila. A andar muy lento y muy descalza.
Me enseñó a abrazar a todos ya abrazarme a mí. Me enseñó mucho, me enseñó todo.
Me enseñó a quererme con ganas. A querer a quien tengo al lado ya darle la mando.
Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a modo de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un gracias o un perdón pueden cambiarlo todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuánto me ama a través de 1.000 detalles.
Me enseñó que los miraculos sí existen.
Me enseñó que si yo no perdono, soy yo quien se queda presionera; y que para perdonar, primero he de perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien pero que actúe bien a pesar de todo. Me enseñó a confiar en mí ya levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo dentro y no afuera.
Me deja que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. A equivocarme y aprender. Y me sigue cuidando y esperando.
Hasta me dejó aprender de otros maestros sin ponerse celoso; porque es de necios no escuchar a todo lo que habla de amor.
Me enseñó que solo estoy aquí por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño.
Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir su luz conociendo mi sombra.
Que disfrute, que ría, que valore, y que El siempre va a estar en mí...
Que, aunque dude y tenga miedo, confíe, pues ésa es la fe, confiar en El a pesar de mí...
Se llama Jesús...
Gabriela Mistral
En el evangelio del próximo domingo, Jesús se tentado en el desierto. El desierto es el nada, lo inhóspito; pero también, el sitio que permite el encuentro con uno mismo. El desierto se reflejo de desolación, pero también fuente de consolación. En el desierto, Jesús se enfrenta a las tentaciones como hombre, no con milagros divinos; nos da así un ejemplo de vida a seguir que podemos alcanzar. Jesús fue un personaje histórico, que trascendió a su tiempo, que creó una religión en la que se ha basado la cultura de la sociedad, pero también es el Dios. Es histórico y actual, es extraño ya la vez íntimo. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué son mis desiertos? ¿Qué mis tentaciones? ¿Cómo puedo cumplir la misión que Dios me ha dado?
2º domingo
Esta vez es M.Àngels Melgosa, que algunos conocen de la etapa en la que formó parte del equipo de acompañamiento de jóvenes del Casal Loiola. Actualmente vive en el barrio de Can Puiggener, en Sabadell, formando parte de la Fraternidad Santa Maria de Togores

Hoy en la primera lectura del libro del Génesis, tenemos un relato conocido: el sacrificio de Isaac. De entrada es un texto que nos echa atrás y que, al menos, genera interrogantes sobre su significado y la interpretación creyente que sugiere. ¿De qué clase de Dios nos habla? ¿un Dios sádico, que pide sacrificar al hijo único? ¿un Dios caprichoso, que pone a prueba a su fiel, sometiéndole a pruebas inhumanas para desdicirse de ellas a última hora?
Vemos a Abraham, al que llamamos el padre en la fe. Abraham obedece a Dios porque es un hombre de fe y porque escucha. También en el evangelio vemos cómo Dios contagia a los discípulos que acompañan a Jesús que le escuchen. Me pregunto yo de entrada: ¿qué me dice hoy el Señor? ¿cuál es su voz para mí? ¿a qué montaña me pide que le acompañe?
El relato del Génesis es desgarrador: vemos cómo Abraham no lamenta a su hijo Isaac, de la misma manera como Dios Padre no lamenta a su Hijo Jesús, como nos dice san Pablo en la carta a los Romanos. El movimiento de ambos padres es el del abandono, aparentemente sin reservas. Coinciden en la actitud de la confianza y en una heroica generosidad de entrega. Pienso que esto sólo se puede entender desde un amor mucho mayor, misterioso pero abrumador. Porque sólo desde un mayor amor se puede aceptar el desprendimiento de lo que más quieres. La obediencia de los hombres libres sólo puede estar en el amor.
Los discípulos de Jesús han hecho una pequeña cata de ese amor transfigurado. Dios mismo reconoce a Jesús como hijo y la escena nos presenta la síntesis del antiguo y del nuevo testamento, con unos personajes que enlazan el plan de salvación hasta Jesús. Sigue el misterio.
Nuestra tentación puede ser entonces como la de los discípulos que acompañan a Jesús: "Rabí, que estamos de bien, aquí arriba. Haremos tres cabañas". La tentación bien humana, de retener el amor, de quererlo encajonar, de querer poseerlo. Nos cuesta entender que en realidad sólo tenemos lo que damos. Una vez "regalado", Abraham recobra al hijo de la promesa, y el Padre nos promete la vida eterna donde disfrutaremos para siempre de su presencia. Debemos dar un salto. El salto a la fe a un amor cada vez mayor.
Para ver el Resucitado, antes deberemos acompañarle a Jerusalén. Para disfrutar de la presencia de Dios deberemos estar dispuestos a seguirle hasta la Cruz. El amor siempre es mayor, y crece en la medida en que lo demos. Y ese amor loco sólo puede entenderse desde la gratuidad total. Aceptar de perderlo todo por ganarlo TODO.
La oración del abandono de Charles de Foucauld, pienso que puede ayudarnos a sintetizar todo este recorrido amoroso. Me acompaña desde hace años y me ayuda a dirigirme a Dios como Padre y disponerme para acoger su voluntad en acción de gracias. En mi comunidad la rezamos cada semana antes de empezar nuestra reunión comunitaria. Hacemos una variación, recitándola en plural, e invocando la acción del Espíritu en actitud de escucha obediente. Espero que le ayude!
Oración de abandono a Dios Padre
Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
con tal de que se cumpla tu voluntad
en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te encomiendo mi alma,
te la doy, con todo el amor que soy capaz,
porque te quiero y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.
Charles de Foucauld
3er domingo
Esta vez nos guía en la reflexión y oración Jose Miguel Colina, SJ. En la actualidad está destinado en Madrid, el cargo que le ha dado el Provincial es ser el Delegado de Pastoral Juvenil y Colegial. Reside en la comunidad de Recuerdo. Ha pasado entre nosotros 9 años, compartiendo vida y oración en la comunidad de Lluria.

En este Evangelio del Domingo III de Cuaresma, nos encontramos con un Jesús que nos descoloca. Lo encontramos como un enfado considerable. No puede resistirse a que la relación de los seres humanos con el Padre esté mercantilizada. Que responda a los criterios de mercado de la sociedad, y no al agradecimiento por haber recibido la vida, la naturaleza, todo de un amor incondicional y gratuito de parte de Dios.
Si Dios está de nuestra parte, no lo ganemos con palomas, rituales, sacrificios. Sino amando lo que El ama, sus hijos, la tierra… Por eso no hacen falta tenderetes de cambio de moneda, de venta de animales.
En Dios lo encontramos en lo profundo de nuestra vida y en el servicio a los demás. Y todo esto es gratis, sin intermediarios.
Atrévete a experimentarlo.
¿Con qué intento sobornar a Dios?
La oración que os propongo la conoce todos. Es la oración de Ignacio de Loyola: Tomad Señor…
Para mí, es la oración que más repito. Desde que la descubrió, la rezó todos los días en la Eucaristía. Y en otros momentos del día.
En ocasiones con todo el corazón puesto en cada palabra. En otras cono deseo de qué lo pueda poner. Y en otras abandonado a la misericordia del Señor que me conoce y me quiere, aunque yo esté “en otra ola”.
En todas esas ocasiones, tengo la experiencia de salir reforzado en su amor y su gracia.
Tomad, Señor
Tomad, Señor y recibido
toda mi libertad
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad
Todo mi haber y mi poseer
os me lo disteis
a os Señor lo vuelvo
Todo se vuestro
disponga a toda su voluntad
Dadme su amor y gracia
que esta me basta
San Ignacio de Loyola
4º domingo
Somos Jordi y Pablo, clásicos del Casal. Hemos pasado por Magis (antiguo Uls), Intermagis, Espacio Ignaciano, Acompañantes de Confirmación… y muchos más. Y, como ven, ¡nos gusta compartir mesa!
Cuando oramos el Evangelio del Hijo pródigo, nos viene a la cabeza la representación de Rembrandt, con todos los rostros que forman parte.

Y entonces nos preguntamos:
¿Qué rostro me define a mí en ese momento?

¿El arrepentimiento y humildad del hijo que vuelve?
¿El juicio del hermano mayor?
¿La misericordia, amor y perdón del padre?
¿Gente cercana al padre que lo mira de forma distante?
¿La observación por parte de los sirvientes?
En nuestra oscuridad,
enciende un fuego
que nunca se apaga
Los milagros de Jesús son una parte muy importante del Nuevo Testamento, importante por el significado que estos traen, cargados de simbolismo ante las incapacidades que tenemos como personas. Hacer ver a quien era ciego, andar a quien era cojo, sanar a quien estaba enfermo…
Si bien es Jesús quien hace el milagro, es necesaria la acción de quien lo recibe para que se pueda hacer: “levánate y camina”, “ve a lavarte a la piscina de Siloeno”, “Ve a hacerte examinar por el sacerdote”.
Además, en este texto encontramos diferentes tipos de personajes que actúan de formas muy distintas.
¿En qué personaje me encuentro identificado?
¿Soy el ciego que se levanta a lavarse los ojos según le ha pedido Jesús?
¿Soy uno de los fariseos que piden entenderlo y juzgan lo que acaba de suceder insistiendo hasta tener pruebas verdaderas?
¿Soy uno de los padres que dan un paso al lado para no ser juzgados como seguidores de Jesús?
¿Soy parte del vecindario que habla del tema pero sin involucrarse en él ni querer saber más?
Seguro que nos hemos sentido identificados con diferentes personajes según la situación. Oremos por poder tener la paz y serenidad del ciego, y poder esparcir la buena nueva junto con el Espíritu.
“Señor, que te conozca, porque si te conozco, te querré
Señor, que te ame, porque si te quiero, te seguiré”
5º domingo
Soy Núria Reventós Bassas, quizás hemos coincidido en las Eucaristías de los sábados cuando colaboraba con la catequesis de los más jovencitos, en la Comunidad de Berchmans, algún Camp de Treball o actualmente como acompañante de los grupos MAGIS. Ya hace tiempo que el Casal Loiola es para mí una segunda casa y es un gozo poder conocer gente y compartir camino juntos.

Estamos viviendo una situación que nos desconcierta y necesitamos saber cómo reaccionar y actuar, como seguidores de Jesús, en esa realidad que nos golpea. Somos conscientes de que se están produciendo cambios y no podemos quedar al margen. Por eso estamos llamados a “RENOVAR NUESTRO SER”.
En los Evangelios, esperamos y queremos encontrar respuestas actuales o, al menos, palabras que nos interpelen y ayuden a vivir de acuerdo a los signos de los tiempos.
El Evangelio de este domingo de Cuaresma le hemos escuchado muchas veces y su mensaje puede parecer reiterativo:
- Debemos ser grano de trigo, enterrado y muerto, para poder dar fruto.
- Quien quiere guardar la vida la pierde, quien está dispuesto a darla, la gana.
- Si alguien quiere ser servidor de Jesús, que le siga y estará con él.
¿Pero en qué se traduce hoy, ahora y aquí? ¿Cómo podemos evangelizar lo cotidiano?
En estos momentos de contrasentidos y de crisis global, con la metáfora del grano de trigo se nos invita a darnos con generosidad a los demás, aunque esto nos exija (morir), abandonar nuestro yo para abrirnos fraternalmente y ser capaces de compartir nuestra vida. Estamos llamados a seguir acogiendo a los más pobres, a los más necesitados pero también a estar atentos a nuestro alrededor para estar cerca de quienes sufren, ahora, en soledad y silencio las duras consecuencias (salud, económicas...) de esta pandemia.
Cuando el grano de trigo muere; crece, brota de nuevo la vida, pero si se queda en su envoltorio no dará fruto.
Jesús nos dice: "quien quiere guardar la vida la pierde, quien está dispuesto a darla, la gana". Que la gran incertidumbre del momento no nos inmovilice o nos haga aferrarnos a nuestras cosas, ideas o intereses sino abrir más nuestra mirada para captar la realidad y ser portadores de esperanza.
Si alguien quiere ser servidor de Jesús, que le siga y estará con él.
Nuestra vocación de servicio pasa por hacernos disponibles no cuando a nos venga bien sino cuando el otro lo necesite, incluso cuando no sea evidente. No es sólo hacer por los demás sino estar con los demás compartiendo su situación.
He escogido una oración de la Mª del Mar Galcerán que nos propone una renovación de nuestro ser para consolidar estos cambios que muestran una forma de vivir. Describe cómo se puede entender este seguimiento a Jesús, ese morir para darse desde nuestra cotidianidad.
Renueva nuestro ser
Buen Dios,
Concédenos un corazón nuevo,
capaz de perdonarnos y de perdonar,
capaz de dejarse amar, desde el reconocimiento humilde
de sus propias debilidades y limitaciones.
Un corazón nuevo, dispuesto a amar sin cálculos,
con comprensión y ternura,
incluso aquellas situaciones y personas
que nos lo ponen más difícil.
Concédenos una mirada nueva,
capaz de fijarnos en lo bueno que hay en el corazón
de cada persona,
en las cosas positivas más que en las negativas,
en lo que nos une a los demás más que en lo que nos separa.
Una mirada transparente y limpia, capaz de percibirte
en los sitios más insospechados.
Concédenos un pensamiento nuevo,
capaz de leer la vida en profundidad,
de deshacerse de prejuicios y de desenmascarar
las ideas falsas que nos ofrece la sociedad.
Dispuesto a dejarse interpelar por todo aquello
que rompe la lógica de ese mundo.
Concédenos un actuar nuevo,
abierto al trabajo en comunión ya la colaboración con los demás.
Activo y comprometido en la transformación de las injusticias,
al servicio generoso de los demás y especialmente de los pobres y más necesitados.
Un actuar discreto y silencioso, que sea obediente a tu voluntad.
Buen Dios, renueva nuestro ser,
y que este nuevo camino de regreso a Ti nos
permita también ser mejor para los demás.
Mª del Mar Galceran Peiró
Domingo de Ramos
¡Hola! Soy Silvestre Falguera y Noya, (Sílver por muchas amigas y amigos).
Actualmente colaboro en el proyecto evangelizador del Colegio Jesuitas Sarrià – San Ignacio, soy Asistente de la CVX (Comunidad de Vida Cristiana) de Cataluña y, más en particular, de las comunidades de Berchmans y de Forum Jóvenes y colaboro también en el Casal Loyola y en la Iglesia del Sagrado Jesuitas de 'Luria'.
Estoy agradecido y me hace mucha ilusión por dirigirme a los amigos y amigas, compañeros de camino, del Casal.

El próximo domingo es el Domingo de Ramos o el domingo de Pasión, en el que se proclama toda la Pasión, este año la del Evangelio según San Marcos (Mc 14,1 - 15,47). Os invito a leerla poco a poco, en clima de oración: considerando, contemplando...
Jesús es presentado como el Rey-Mesías, que entra y toma posesión de su ciudad. Pero no entra como un rey-guerrero, que avanza con su gran ejército, sino como un Mesías humilde y pacífico, cumpliendo así la profecía de Zacarías (9,9): "He aquí que tu rey viene a ti; él es justo y victorioso, humilde y pacífico, montado en un asno". Mucha gente le aclama: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
Jesús entra en Jerusalén para llevar a cabo su obra de Salvación. Pero lo hace de una forma tan inesperada, impensable, imprevisible que, poco después, gran parte del pueblo, decepcionado, le dará la espalda. Judas mismo se escandalizaron de la debilidad y la humildad de Dios. Venía pensando, desde hace tiempo, que Jesús había sido un gran farsante, y su vida y su misión un fraude enorme. ¿Cómo Dios podía estar con Jesús, si todo le salía mal, si sólo iba de fracaso en fracaso? Muchos poco después llegaron a pensar de Jesús lo que dice el salmo: «Se ha dirigido al Señor; que lo libere, pues; que le salve, si tanto le ama».
Se les escapaba totalmente la lógica propia de Dios: el amor sin condiciones, desarmado, limpio, puro, sin rastro de rencor, odio, venganza o reproches: “Jesucristo, que era de condición divina, no quiso guardarse celosamente su igualdad con Dios, sino que se hizo nada hasta, hasta tomar la condición... hasta tomar la condición... a aceptar la muerte, y una muerte de cruz.” Hasta el punto de llegar a exclamar: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
Ésta resultará ser la lógica 'del grano de trigo' y de los 'dolores de parto': ¡dar vida en abundancia!
La Pasión de Jesús sigue en la Pasión de tantas personas en nuestro mundo actual. Y Él, Crucificado-Resucitado, acompaña a toda persona humana.
Os ofrezco tres plegarias en 'clave de Pasión'. La primera es de San Pedro Claver (con quien me he hecho la foto), el jesuita 'esclavo de los esclavos negros' en Colombia, 'largo en obras y corto en palabras':
"Señor, ilumina mi entendimiento y ablanda mi corazón".
La segunda, un 'clásico', de Lope de Vega. Ante la llamada de Jesús y de los hermanos ('Estoy en la puerta y llamo', Ap 3,20), ante las necesidades y el sufrimiento de otros, ante el 'prójimo', el próximo, la persona que tengo al lado, y desde mi cierre y mi dureza de corazón e indiferencia… :
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sea, Jesús mío,
que a mí puerta cubierto de rocío
¿pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
¡pues no te abrió! ¡Qué extraño desvarío,
si de mí ingratitud el hielo frío
seco las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
¡para lo mismo responder mañana!
La tercera, frente al propio sufrimiento. En el extremo, cerca de la propia muerte, pero también en otras pérdidas, heridas... es de Teilhard de Chardin, SJ y dice así:
«Cuando los signos de la edad marquen mi cuerpo, y más aún, cuando afecten a mi mente, cuando la enfermedad que vaya a disminuirme oa causarme la muerte me golpee desde fuera o nazca en mi interior;
cuando llegue el doloroso momento de tomar conciencia de repente de que estoy enfermo o envejeciendo;
y, sobre todo, en este último momento en el que sienta que pierdo el control de mí mismo y que estoy absolutamente inerte en manos de las grandes fuerzas desconocidas que me han formado;
en todos esos oscuros momentos, oh Dios, concédeme de comprender que eres Tú -supuesto que mi fe sea suficientemente fuerte- quien está separando dolorosamente todas y cada una de las fibras de mi ser para penetrar hasta la misma médula de mi esencia y llevarme contigo» .





