La Posada: ecos del receso virtual del pasado 6 de febrero

CARTA EN LAS COMUNIDADES CRISTIANAS EN TIEMPO DE INCERTIDUMBRE

Queridos hermanos,


Un grupo de seguidores de Jesús nos hemos encontrado en un receso que llamamos “la Gran Posada”, intentando responder a esta pregunta: ¿qué nos pide el Señor en estos tiempos de incertidumbre? Queremos compartir con vosotros algunas de las reflexiones que han surgido de este tiempo a la escucha del Espíritu, por si también a vosotros le pueden inspirar y animar en la construcción del Reino.


El texto del Evangelio que nos ha inspirado (Lucas 4,1-21), contemplamos cómo Jesús, lleno del Espíritu Santo, es conducido por el desierto y tentado por el diablo, antes de entrar en la sinagoga donde recibe la expresión de su misión. Espíritu, desierto, tentación y misión están allí cuatro imágenes, como las distintas caras de un prisma que puede iluminar nuestra propia vida y misión.


Sintámonos llenos del ESPÍRITU que vuela sobre el mundo para dar luz, que nos acompaña en el dolor y que nos guía en momentos de desolación. Es necesario llenarse de este Espíritu para darnos a los demás. Estemos atentos a su presencia; escuchándolo, sabremos qué nos pide en cada momento. ¿Qué huella deja el Espíritu cuando pasa por nosotros? ¿Sentimos algo? ¿Nos da una energía que nunca habíamos imaginado?


Vivimos momentos muy difíciles. Esta pandemia es un auténtico DESIERTO , pero también puede ser un espacio para encontrarnos a nosotros mismos, reencuentro. ¿Lo hemos pensado así? Que la fragilidad, el miedo, la incertidumbre, la soledad… sean medios para llenarse del Espíritu y re-conocer a Dios en el desierto de cada uno. Asumiendo la debilidad que podamos sentir, debemos reorientar nuestra mirada. El desierto también permite recomenzar y dar significado y sentido a nuestra vida. El confinamiento puede ser la gran oportunidad para valorar las pequeñas cosas de todos los días y ser agradecidos. Buscamos momentos de silencio, de tranquilidad, de escucha, de esperanza, de confianza... Vaciémonos de muchas cosas y dejemos entrar al Espíritu que, seguro, nos llenará el depósito. Tenemos ante nosotros la ocasión de vivir la espiritualidad que nos hace más humanos y, por qué no, más divinos. Sabemos que vendrán momentos de contradicción al no saber qué nos espera al día siguiente. La ternura de unos con otros acogerá los miedos y los dejará a un lado del camino. Pero las piedras de la ruta no conseguirán detenernos.


Si nos llenamos del Espíritu de Dios, seremos capaces de vencer las TEMPTACIONES . Si el desánimo nos lleva a huir ya caer, levantémonos y no olvidemos para Quién vivimos. Debemos ser capaces de dar luz a los demás a pesar de que nos sintamos ciegos.


Muchas son las tentaciones que sentimos en la oscuridad: llenarse de falsas verdades y vaciarnos de Dios (camino equivocado), dejarse vencer por el miedo (caído asegurado), cargarse las bolsas de vanidad (no llegaremos a ninguna parte), tener la necesidad de controlarlo todo (olvido de lo más importante), no ser perder la humildad (orgullo), aislarse y encerrarse en la burbuja individual (dejemos de ser comunidad)… Esto no es lo que Dios nos pide. Si Jesús venció las tentaciones de forma humana, ¿por qué no somos capaces de hacerlo?


¿Podemos incluso plantearnos la pandemia como una acción de gracias? ¿Y si, como humanos y frágiles que somos, no nos vemos con corazón de vencer el miedo y las tentaciones? No lo dudemos, tenemos la mejor receta: la oración.


La MISIÓN que Dios nos pide en estos tiempos de incertidumbre nos lleva a ser testigos de esperanza y de acogida a los demás, olvidándonos de nosotros mismos como Jesús hizo en su tiempo, llegando a entregar su vida por nosotros. No hace falta ir muy lejos ni plantearse grandes objetivos: actuar en la cotidianidad… en la familia, con los amigos, en la escuela, en los hospitales, con los vecinos, con los sintecho, con los inmigrantes… desde la actividad o la jubilación. Damos, también, un apoyo espiritual que ayude a acompañar a todos los próximos que están solos. Debemos transmitir luz y alegría en nuestro andar, siendo comprensivos y amorosos, y sin olvidar ese espacio personal de oración que nos ayudará a tomar las fuerzas necesarias. Quizás no somos conscientes, pero Dios siempre está a nuestro lado iluminando los pasos en la oscuridad.


La pandemia nos pide más misión y nos pregunta: ¿Eres capaz de ver a Jesús en aquél que tienes al lado? ¿Cómo te acercas? ¿Te abres para acogerlo? ¿Cómo lo miras, cómo lo ves... con el corazón?


Seamos muy agradecidos con TODO lo que tenemos. Somos los privilegiados de Dios. Es necesario que nos detengamos para darnos cuenta de esto. Tenemos los nuestros, pero nunca olvidemos que lo tenemos a Él, que nos guía, que nos ama sin condiciones, que nos acompaña por el camino de esta vida de paso y que nos da la esperanza para vencer las tentaciones del desierto. Nos ayuda a vaciarnos de los miedos ya llenarnos de Él.


En estos tiempos de OSCURO , miramos a los demás con los ojos de Dios, amando, compartiendo, perdonando, aceptando a los demás como son y abrazando a todos los hermanos sea como sea, virtualmente o con gestos amorosos. Tal y como Antonio Ordóñez (jesuita fallecido recientemente) nos animaba: “seamos cada uno lo que verdaderamente debemos ser”. Es decir, seamos BUENA NOTICIA por los demás en estos tiempos de oscuridad, siendo capaces, como dice el Papa Francisco, de poder reconocer cuál es el mensaje de Jesús que Dios quiere dar al mundo con nuestra vida.


Comunidad de Las Posadas

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